El Cuento | Cara de Perro

El Cuento

Autobiografía de un pizzero

Sebastián Ronchetti

El mundo en el que sé moverme, hablar y ganarme la vida, ha desaparecido.        

  (Autobiografía de un viajante - John Cheever)

 

 

Nací en Avellaneda en 1975. Los miembros de mi familia trabajaron de muchas cosas desde que llegaron de Europa a principios de siglo. En el frigorífico, en la fábrica de chocolates, en la portería de escuelas, en camiones, en taxis. Más adelante algunos lograron una profesión. Mi madre es docente y mi padre maestro mayor de obras. Pero antes de llegar al sur del Gran Buenos Aires, mi bisabuelo había recalado en Gualeguay, provincia de Entre Ríos y ahí tuvo su hotel y restaurante. Capaz de... CONTINUAR LEYENDO

Un General Electric

Cecilia Garino

 

 

Me miro al espejo. Puedo ver el desorden fuera y dentro de mí. Como si una tormenta hubiese barrido con todo. Me lavo la cara pero no me peino. Estoy en piyama y en ojotas. El piyama fue un regalo de mi suegra. Es de color rosa con lunares blancos. Pensé que nunca lo usaría, pero es de puro algodón peruano. Un piyama de payasa.

Es domingo, está fresco, y voy quedarme en piyama todo el día. Lleno la taza con café. Cruzo el jardín. Subo al auto.

Antes de cruzar la avenida me detiene el semáforo. No hay un alma y está ventoso. Hay gotas y hojas de árbol pegadas al parabrisas. Debió llover anoche. El semáforo se pone verde pero no avanzo. Esta vez a nadie le importa. En general a nadie le... CONTINUAR LEYENDO

La arena ya no es más un suelo firme

Eugenia Zapata

Gloria va a quedarse sola por primera vez en la casa de la playa. Bueno, sola no, con las chicas, que es casi lo mismo, pero peor. Jorge finalmente la convenció.

Gloria preferiría volver a Buenos Aires con él que tiene que trabajar en la oficina, pero ya no intenta que la gente la comprenda cuando lo explica. La miran con cara de desaprobación. “Con el calor infernal que hace en enero en el centro. Qué picardía. Aprovechá. Hacelo por las chicas. Con esa casa divina que se hicieron.”

Lo que la gente no entiende es que en la playa no está Jorge. Algo se desactiva dentro de ella cuando él está lejos. Gloria siente que cuando está con él las cosas son mejores. La casa de madera sobre el médano, las... CONTINUAR LEYENDO

El cuartito

Por Daniel Tevini

Saco el perro a pasear. Ahora lo saco. Le ato la correa al cuello. La aprieto bien duro, que no se suelte. El perro corre, yo también. Corremos.

Me saca el perro a pasear. Me lleva como si me atara él una correa al cuello. La tensa bien firme para que no me escape. Él corre, yo también. Corremos.

Nos sacan al perro y a mí a pasear. Nos sacan. Nos ponen una soga retorcida alrededor del cuello. La aprietan bien para que no escapemos. Él corre, yo también. Corremos, hasta que la soga atasca.

Hace años que estamos atados, desde el comienzo, desde que me iluminaron con un Carusita la boca y vieron lo de la espuma.

“Rabia, dijeron, tiene rabia el pendejo. Siempre fue un chico rabioso”, señaló Abuela y mirando a... CONTINUAR LEYENDO

El pez y la arena

Fabio Wasserman

La última estación de servicio está a pocos kilómetros, él lo sabe y baja la velocidad. Le queda menos de un cuarto de tanque, pero a la derecha ve las luces, acelera y pasa de largo la estación. Nunca fue tan lejos sin reponer la nafta, puede probar.

La ruta está casi vacía. Fija la vista en las líneas blancas y amarillas pintadas en el asfalto; ella duerme. Cada tanto abre los ojos y le pregunta si está cansado; después él oye la respiración corta y constante que tiene cuando está entre adormecida y alerta.

Media hora más tarde se enciende la luz amarilla de falta de combustible del tablero. Faltan ochenta kilómetros ‒dice‒, diez minutos por kilómetro, ochocientos minutos: eso vamos a tardar. Dos mil pasos por... CONTINUAR LEYENDO

Mecanismo de escape

Por Sebastián Martinez

Desde una semana antes, tal vez un poco más, mi vieja era puro nervio. El ambiente en casa se iba poniendo cada vez más espeso a medida que se acercaba el 24. Los preparativos arrancaban antes de tiempo, exageradamente antes de tiempo. Como si fuésemos a recibir a una multitud.

Mi vieja se despertaba con una expresión severa y la mantenía durante todo el día. Destilaba fastidio, escupía frases cargadas de bronca. No sabíamos bien a quién iban destinadas; Rafa y yo nos llevábamos la mayor parte sólo por estar ahí.

Mi viejo era profesor de tenis en esa época, aunque siempre fue de inventarse oficios. Trabajó años en una relojería; se le daba bien la precisión, lo meticuloso. Pero desde la irrupción de Vilas lo... CONTINUAR LEYENDO

Las reglas del juego

Por Oscar Bracamonte

     Para medir un lote hay que ir armando triángulos en el terreno, clavar jalones en las esquinas y calcular los ángulos con el teodolito. Después se miden los lados con la cinta métrica y por operaciones matemáticas se precisa la superficie. Papá y el tío Julio eran ingenieros y cada tanto tenían que hacer una mensura. Esa vez era en un loteo nuevo, más allá de la cancha de Peñarol, en Argüello. Habíamos andado antes por ahí, demarcando unos lotes. Cada vez que pasábamos por atrás de la tribuna, mi papá decía que era el presidente del club, y se reía. La verdad era que le habían dado un carné de “Presidente Honorario” por hacer los planos gratis. Como era sábado y no teníamos clases, fuimos mi hermano y... CONTINUAR LEYENDO

Si yo no hubiese

Por María Cecilia Garino

Levanto la vista y me cuesta creerlo. Mira hacia mí, pero no me ve. Tiene las manos en los bolsillos. Remera, jean, zapatillas. Lleva un diario debajo del brazo, como antes llevaba el skate. Aunque no podría decir exactamente por qué, el paso del tiempo se le nota. Se sienta a la ventana, cerca de la puerta. No se le ocurre pensar que a seis mesas de distancia estoy yo, sola, en el medio de la confitería, tomando un café con leche. No se imagina que después de treinta años, un día cualquiera, estamos coincidiendo en una confitería por Caballito. No fue hace treinta años. Fue hace veintisiete. No me animo ni a levantar la taza. ¿Habrá pensado alguna vez en encontrarme? ¿Habrá intentado olvidarme? 

... CONTINUAR LEYENDO

La vida, la muerte, el queso brie

Por Fernanda Cava

Papá y mamá estuvieron veinticinco años sin hablarse. Cuando pasaron los diez años de silencio recíproco, ninguno de los dos recordaba el motivo por el que habían dejado de decirse las cosas, pero el desprecio mutuo quedó, incluso creció, y se podía respirar en el ambiente con la densidad de una gelatina vieja. Ambos habían encontrado en el silencio un aliado incondicional, un arma, algo así como una pared donde apoyarse en los buenos y en los malos momentos.

Papá murió en el ‘83 y para mamá fue como si lo hubiera hecho a propósito. No le había alcanzado con veinticinco años de silencio, el viejo zorro además tenía que morirse primero. El día del funeral lloró con un desconsuelo adolescente, golpeó puertas... CONTINUAR LEYENDO

Grande

Por Frida Herz

no me siento ni bien ni mal

y esto debe tomarse

al pie de la letra.

 

Fabián Casas

Desierto

 

La última noche en Mar del Plata mamá nos dio piedra libre para la cena. Podíamos pedir lo que quisiéramos, pero no podíamos salir del hotel.

—A las doce los quiero en la cama. Cuidá a tu hermana y dejale la luz del velador prendida para que no tenga miedo —le dijo a Martín.

Deben haber sido más de las nueve cuando bajamos a comer, porque a las diez empieza el horario de protección al menor. Milanesas con papas fritas para mí... CONTINUAR LEYENDO

Pages

newsletter

suscribite

DEJANOS TU EMAIL Y RECIBÍ LAS NOVEDADES