El Cuento | Cara de Perro

El Cuento

El agua que se escurre entre los adoquines

Cristian Bautista

                     Santiago se acomoda en el asiento de atrás del taxi que dobla por Callao, pasa sobre un charco y salpica toda la vereda oeste. Cuando llega a Urquiza, el semáforo, se pone en rojo, el taxi frena y una mujer cruza por la senda peatonal. Camina lentamente. Tiene puesto un sacón negro y tejido, de esos que tienen bolsillos grandes y hondos. El paraguas abierto no deja verle la cara. Lleva un bolso de tela azul colgado del brazo. «Viene del supermercado, seguro viene del supermercado», piensa Santiago y está seguro de adivinar que, adentro del bolso, debe haber pan, leche, tostadas, yogurt y un tarro de Nesquik. Uno grande. De lata... CONTINUAR LEYENDO

Los paseos

Jimena Ruth

Anoche soñé que me moría. No era una muerte dramática, en un sentido violento o desagradable, era como una disolución. Me volvía de a poco impalpable y traslúcida, y eso a los nenes les hacía gracia. Cuando se lo conté esta mañana a mi marido me dijo que no lo puedo dejar solo con todo esto. Esto significa los chicos, los arreglos de la casa, la perra, las cuotas, las plantas, el desayuno que estábamos preparando y que todos íbamos a dejar por la mitad. Lo dijo sin levantar la vista de su celular, mientras deslizaba el pulgar rítmicamente por la pantalla. Una caricia involuntaria sobre una superficie indiferente, como las que le hago cuando me caliento los pies en la cama frotándolos contra los suyos. Lo que no le dije es que en mis sueños,... CONTINUAR LEYENDO

La estela de un mundo anterior

Cecilia Garino

Es la segunda vez que Ana mira al cielo. Hay estrellas. Hasta hace un momento no había ninguna. Gira la cabeza para relajar el cuello. ¿Cuánto tiempo más van a estar parados?

El dueño de la estancia habla con los brazos a la espalda. Tiene apenas una barba, un moño negro apretado al cuello de la camisa, panza.

Ana lo mira hablar. Cuenta sobre caza, sobre la paciencia y la belleza de cazar. Le habla a un público de dos matrimonios, y a ella, que siente dolor en los pies. Debe ser un hombre solo, piensa, un hombre que vive de la estela de un mundo anterior.

Ana termina de un trago el vino de la copa. No sabe hacer lo que debe hacer. Nunca supo. Su madre decía que era mal mandada y es cierto. Si... CONTINUAR LEYENDO

El pan de las palomas

Silvia Appugliese

Habíamos quedado con papá en encontrarnos cerca de las boleterías de la estación, hacía bastante que no lo veía. Llegué y miré hacia Federico Lacroze, después hacia Guzmán; sabía que igual él iba a verme primero, pronto escuché su voz que me llamaba de atrás. Me di vuelta y me abrazó fuerte, yo también lo abracé. Sentí su nuca fría, la tela áspera de su campera. Bajé los brazos antes que él, de a poco, para que no se diera cuenta de que me incomodaba. Acomodé la cartera con los apuntes de la facultad, él volvió a calzarse la vieja carterita negra bajo el brazo. Me alivió que hubiera poca gente en la estación, solamente una mujer se detuvo un instante a mirarnos, después siguió su paso hacia el andén.

—¿Cómo estás papá... CONTINUAR LEYENDO

Preparen, apunten, fuego

Por Demian Naón

Alejandro tenía una caja llena de soldaditos, tanques y cañones de plástico. Los fines de semana, H y él se sentaban bajo el árbol que tenía las raíces como muros de un castillo y se repartían los ejércitos. Los alemanes eran de color gris, los americanos eran verdes, los ingleses rojo ladrillo, los rusos naranja, los franceses azules, y los más difíciles de conseguir: los japoneses de color verde claro. Cuando H elegía a los alemanes, Alejandro le decía que eligiese otros, que los alemanes habían hecho cosas terribles y que encima habían perdido. H decía que la guerra a la que jugaban no era real y que no tenía nada que ver con lo que hicieron los alemanes de verdad. Antes de empezar a jugar discutían lo mismo, los... CONTINUAR LEYENDO

Autobiografía de un pizzero

Sebastián Ronchetti

El mundo en el que sé moverme, hablar y ganarme la vida, ha desaparecido.        

  (Autobiografía de un viajante - John Cheever)

 

 

Nací en Avellaneda en 1975. Los miembros de mi familia trabajaron de muchas cosas desde que llegaron de Europa a principios de siglo. En el frigorífico, en la fábrica de chocolates, en la portería de escuelas, en camiones, en taxis. Más adelante algunos lograron una profesión. Mi madre es docente y mi padre maestro mayor de obras. Pero antes de llegar al sur del Gran Buenos Aires, mi bisabuelo había recalado en Gualeguay, provincia de Entre Ríos y ahí tuvo su hotel y restaurante. Capaz de... CONTINUAR LEYENDO

Un General Electric

Cecilia Garino

 

 

Me miro al espejo. Puedo ver el desorden fuera y dentro de mí. Como si una tormenta hubiese barrido con todo. Me lavo la cara pero no me peino. Estoy en piyama y en ojotas. El piyama fue un regalo de mi suegra. Es de color rosa con lunares blancos. Pensé que nunca lo usaría, pero es de puro algodón peruano. Un piyama de payasa.

Es domingo, está fresco, y voy quedarme en piyama todo el día. Lleno la taza con café. Cruzo el jardín. Subo al auto.

Antes de cruzar la avenida me detiene el semáforo. No hay un alma y está ventoso. Hay gotas y hojas de árbol pegadas al parabrisas. Debió llover anoche. El semáforo se pone verde pero no avanzo. Esta vez a nadie le importa. En general a nadie le... CONTINUAR LEYENDO

La arena ya no es más un suelo firme

Eugenia Zapata

Gloria va a quedarse sola por primera vez en la casa de la playa. Bueno, sola no, con las chicas, que es casi lo mismo, pero peor. Jorge finalmente la convenció.

Gloria preferiría volver a Buenos Aires con él que tiene que trabajar en la oficina, pero ya no intenta que la gente la comprenda cuando lo explica. La miran con cara de desaprobación. “Con el calor infernal que hace en enero en el centro. Qué picardía. Aprovechá. Hacelo por las chicas. Con esa casa divina que se hicieron.”

Lo que la gente no entiende es que en la playa no está Jorge. Algo se desactiva dentro de ella cuando él está lejos. Gloria siente que cuando está con él las cosas son mejores. La casa de madera sobre el médano, las... CONTINUAR LEYENDO

El cuartito

Por Daniel Tevini

Saco el perro a pasear. Ahora lo saco. Le ato la correa al cuello. La aprieto bien duro, que no se suelte. El perro corre, yo también. Corremos.

Me saca el perro a pasear. Me lleva como si me atara él una correa al cuello. La tensa bien firme para que no me escape. Él corre, yo también. Corremos.

Nos sacan al perro y a mí a pasear. Nos sacan. Nos ponen una soga retorcida alrededor del cuello. La aprietan bien para que no escapemos. Él corre, yo también. Corremos, hasta que la soga atasca.

Hace años que estamos atados, desde el comienzo, desde que me iluminaron con un Carusita la boca y vieron lo de la espuma.

“Rabia, dijeron, tiene rabia el pendejo. Siempre fue un chico rabioso”, señaló Abuela y mirando a... CONTINUAR LEYENDO

El pez y la arena

Fabio Wasserman

La última estación de servicio está a pocos kilómetros, él lo sabe y baja la velocidad. Le queda menos de un cuarto de tanque, pero a la derecha ve las luces, acelera y pasa de largo la estación. Nunca fue tan lejos sin reponer la nafta, puede probar.

La ruta está casi vacía. Fija la vista en las líneas blancas y amarillas pintadas en el asfalto; ella duerme. Cada tanto abre los ojos y le pregunta si está cansado; después él oye la respiración corta y constante que tiene cuando está entre adormecida y alerta.

Media hora más tarde se enciende la luz amarilla de falta de combustible del tablero. Faltan ochenta kilómetros ‒dice‒, diez minutos por kilómetro, ochocientos minutos: eso vamos a tardar. Dos mil pasos por... CONTINUAR LEYENDO

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