El Cuento | Cara de Perro

El Cuento

Grande

Por Frida Herz

no me siento ni bien ni mal

y esto debe tomarse

al pie de la letra.

 

Fabián Casas

Desierto

 

La última noche en Mar del Plata mamá nos dio piedra libre para la cena. Podíamos pedir lo que quisiéramos, pero no podíamos salir del hotel.

—A las doce los quiero en la cama. Cuidá a tu hermana y dejale la luz del velador prendida para que no tenga miedo —le dijo a Martín.

Deben haber sido más de las nueve cuando bajamos a comer, porque a las diez empieza el horario de protección al menor. Milanesas con papas fritas para mí... CONTINUAR LEYENDO

Malcom

Por Silvia Appugliese

Cuando conocí a Malcom yo tenía doce y él dieciocho. Le decíamos así, Malcom, como le gustaba a él que le dijeran, y nos pedía que le lleváramos una letra de una canción o una historia, cualquier cosa que pudiera servir para inspirarlo en el guión. Lo llamaba así él, el guión, y yo a los doce todavía no entendía plenamente a qué se refería y me imaginaba que guión era eso, una línea, un secreto, una línea secreta al final del camino. Yo era chica, pero me gustaba Malcom. Y entonces empecé a escribir, aunque yo nunca había escrito. Me gustaban las cuentas, no escribir. Pero me esmeraba. Me levantaba temprano, agarraba un cuaderno y escribía, a veces me parecía que Malcom me miraba desde la vereda de mi casa. La... CONTINUAR LEYENDO

UNA MUJER DE OTRA PARTE

Por Belén Carballo

La mujer llega al cruce caminando. Se queda ahí parada unos segundos, mirando la planicie monótona de la ruta. Después se larga a andar por la banquina. En los costados está lleno de cactus enormes entremezclados con árboles y arbustos. Todos tienen espinas. El camino es una estría abierta en el cuerpo del monte.

La mujer avanza con decisión, como si solo un ritmo sostenido pudiese llevarla adonde quiere llegar. Tiene puestos anteojos oscuros y un pañuelo atado en la cabeza para protegerse del sol abrasador. Le caen gotas de transpiración por las sienes y el cuello,  por la espalda, pegándole la ropa al cuerpo. Ahora entiende porqué la chica de la estación de servicio la miró como si estuviera loca cuando la... CONTINUAR LEYENDO

Té blanco

Por Cecilia Garino

Salgo de la fiesta y la veo. Las dos estamos solas. Ella dice que lleva un rato esperando. Tiene una valija y un paraguas. Pero lo extraño es la ropa. Lleva una pollera acampanada. Quiero darme cuenta de si tiene o no miriñaque. Es imposible un miriñaque, pero su pollera también es imposible. Además lleva un sombrero tipo hongo, pestañas larguísimas. Se me ocurre que es actriz, pero en la fiesta no hubo ningún show.

—No va a venir —insiste— el remís me dejó plantada.  

Una mujer me hace sentir torpe. No importa cuál sea el gesto. Abrir la puerta, convidar un cigarrillo. Lo que salga de mí, dirigido a una mujer que no conozco, me hace sentir incómoda. Sin embargo me escucho decir que puedo llevarla y ella acepta... CONTINUAR LEYENDO

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