Numeros. En un subte alguien lee a Viginia Woolf. Rosario | Cara de Perro

Numeros. En un subte alguien lee a Viginia Woolf. Rosario

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Leandro Llull

Números

 

Con la luz apagada y una pata menos en los lentes

mi vieja saca cuentas para ganarle a la inflación.

Tengo cinco años, el mundo

es una cocina oscura y una mujer

tentando que las cosas entren en sus números.

Las cifras se ocupan de la impotencia y de la falta

y ella pega tickets, hace sumas

en los márgenes, glosa y adjunta las notas

garabateadas en retazos.

Siendo una de esas bocas destinadas

a salvarse por la maravilla del guarismo,

empiezo a entender que las verdades

son un pequeño tajo de sol

en la habitación ensombrecida

donde una mujer se desvive

para que la matemática sea,

como Descartes quiso,

un arma que descompone,

y al final, nos une.

 

En un subte alguien lee a Virginia Woolf

 

Una chica alza el mentón hacia la luz quebradiza del metro,

despega la lectura y sonríe bajo el movimiento de los vagones.

Su cara va tomando la forma más bella de la energía

y yo veo cómo sus labios corren con Virginia

a lo largo de una costa paralela al mundo que habitamos.

Entre las nubes van las dos dejando huellas

sobre la arena rumbo al faro que domina la marea.

Pero al llegar, alguien las detiene:

No tenemos aquí nada para darles,

ustedes no necesitan recompensa.

Han amado la lectura.

 

Rosario

 

Seguí riendo así, mi sol,

mi ángel rubio en tu materia de alegría,

todo un cúmulo vital agitándose en el aire

como el chorro más festivo de la fuente,

hablándole a la luna cuando te llama

a través de la ventanilla de los autos.

Con los nombres tocá la piedra de este mundo,

bendecilo a cada sílaba, cada tanteo que hagas con la voz.

Quizás todo se apague, mi sol,

la noche nunca está lejana y a veces nos sacude a mediodía.

Quizá la muerte descargue su mejilla helada contra la nuestra,

pero vos y tu risa van a ser las velas, las estrellas

que soporten el peso de la barca oscura.

Seguí riendo así, sol nuestro,

echada sobre el césped en la sustancia primitiva,

y gritá mamai, gritá papai.

Corré, corré hacia el fondo, mi sol,

hacia lo hondo de aquel pino

y fundite con su aura de resina intacta

hasta que nos incendies y nos cures,

vibrante criatura luminosa.

 

Leandro Llull (1983). Publicó los libros Disonancia del jardín (Editorial Municipal de Rosario, 2009), Horas menores (Huesos de jibia, 2013), A los pibes crudos (VOX, 2015), Maratón (Ediciones 27 Pulqui, 2016), El gamo (Ediciones 27 Pulqui, 2019) y La vida sin centro (Salta el pez ediciones, 2022), y el trabajo La lengua en soledad, dentro de la obra colectiva Prueba de soledad en el paisaje (Mansalva, 2011). Recibió el primer premio de la Municipalidad de Rosario en 2009 y el primer premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2013; las becas de poesía de Estación Pringles en 2010 y del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2011; y las menciones del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2008 y 2012 y del Concurso Provincial de Poesía de Santa Fe en 2019. Desde 2014 se encuentra a cargo del taller literario La rama hacia el este, dictado en la Biblioteca Popular C. C. Vigil de Rosario. Su libro "La vida sin centro" se encuentra a la venta en Salta el pez, ediciones.

 https://www.saltaelpez.com/product/1599494/la-vida-sin-centro 

 

 

 

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