Por Iván Cherem
En un momento cálido de la guerra fría, después del éxito de Sputnik, las cosas se pusieron tan tensas que los gringos se cruzaron de brazos y dijeron:
—¿Ah, sí? Pues bombardeamos la luna.
—¿La luna? —preguntamos.
—Sí.
—¿Por?
—Bombardeamos la luna.
—¿Pero por qué?
—Boom. Bomba atómica.










