Poemas de Juano Villafañe
Revista Número 21
Por Juano Villafañe

ULTIMO MAR
La correspondencia estuvo escrita antes de tu muerte
Como la fotografía detenida recostada sobre un mostrador
Con el vino que retrata el recuadro de la memoria de los ferrocarriles ingleses
Con aquel cisne sacrificado por las vidas violentas y verticales de cualquier accidente
Que se acumula con los tiempos que imponen los trenes y las estaciones
Pero estás allí, como toda víctima inocente en el recuerdo de una percepción que cae siempre sobre las mismas cosas.
Por eso soy un cisne que vio el final de tu viaje y se parece a mí
Como el recuerdo en aquel restaurant de mar donde tu amor era un mantel de papel escrito
Y había un biógrafo que hablaba de personajes ficcionados o inventados atendiendo lo que ya te dije: tú, ya te habías muerto
Mientras que otros escribían sobre las vidas privadas de los que volvían victoriosos del combate. No siento que a ti te haya ocurrido lo mismo. No tuvimos hasta el momento ningún triunfo que valiera la pena
De esta forma se hablaba solo de los vivos como salvados desesperados de los propios muertos
Tuvimos el esfuerzo y la sangre, pero no alcanzaba el llanto mensual ni el aire de las estaciones
Tú recordarás cómo dormías sobre una mesa de papel escrita mientras los bosques se incendiaban arrastrando las casas
Por eso te quedaste allí en el mar desde hace mucho tiempo
Lo que yo amé lo vimos casi juntos una vez
¿Y tú, de qué quieres que me acuerde hoy?
HOY ME TOCA ESCRIBIR SOBRE LO QUE AMARON OTROS
Ahora soy yo el que almuerza sobre un mantel de papel en un puerto sin mar
Mucha gente circula mientras el bar se vacía de oscuro
Los amantes huyen de sí mismos como corresponde.
Sobre ellos hay otros y otros tal vez mañana, que volverán para verse sobre la mesa escrita
Si han traicionado o se defienden de las víctimas y perdidos, es poca cosa
El barrio chino ya se abarrota todo como un mercado
Creo definitivamente que mi soledad no se la debo a nadie.
Esa es la prueba de que mis dedos se fijan sobre mi rostro como siempre
Y que al caernos vamos a un patio central, a un mirador
Primitivos, despedidos como cuando ya no existes
Porque ya no existes.
Y me toca hoy a mí escribir sobre lo que amaron otros
Poema inédito del próximo libro ULTIMO MAR
BEBIMOS EL TÉ CON LA TAZA FRÍA
A Valentina Marulanda. Bogotá, 1976.
Me toca a mí hablar de lo que amaron otros
Lo que no tuve fue el tiempo necesario
Por eso te fuiste mucho antes de tu vida
Antes de mí, antes de yo, estoy seguro, casi seguro que fue así
Bogotá fue el centro del viaje que remite a la tierra
Por eso lloro en el mes lo que haga falta sin un mar ni una estadía en la arena
Por más que hayamos adorado aquellas cosas ya no existen
Y pensar que siempre insistías en la dama de la calle y la carrera
La mejor zona de la Jimenez de Quezada o la Candelaria de piedras y veredas
Más se veía el Cristo y los árboles como los pinos en la noche
Una semana hubiera sido demasiado
Existe ahora alguna fotografía del mundo para salir a la tarde o cuando llegas
Siempre llegabas tal era la bella sonrisa y el sentarse
No hay un tiempo necesario, una estadía mayor con tu costumbre
Pero fue antes de mí, antes de yo
Antes de la conferencia y los contratos de lo cabal sobre la ópera, la literatura o los colores de una biblioteca de babel
O el ensayo sobre la caída en el sedimento del saber profundo
Más el firmamento en la calle más alta de este mundo
Del Dios donde no estuve para quejarme de la propia historia
Éramos muy jóvenes y no había otro nombre para las noches en las Torres de Pequín
El pacto de la danza fría
La salida de no llegar en las tardes de té con aguardiente
¿O no venías para verme cuando acabo de verte?
No me digas que el agua desbordada daba de nuevo sobre tu ropa
No me digas a mi o que soy yo
Que te has ido y ya no llegas de nuevo
En el círculo de las caídas del licor y el juego de la nada tan al final de la propia nada
De los estados con los que llegabas cada vez que se iban por alguna ventana
Colgado de sábanas un amigo nos esperaba en Francia.
Antes de mí que no soy yo
Siéntate otra vez sobre la misma casa que daban con los pinos
Demos la vuelta de la calle que sube.
Que ya no habrá muerte para nadie.
