El hombre común | Cara de Perro

El hombre común

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Opendoor

Iosi Havilio

Editorial Entropía

(…) Boca y Jaime se la pasan jugando al truco, no se cansan nunca. Tampoco se apasionan, juegan. Mezclan, reparten, y dicen lo indispensable para que el partido siga su curso. Y anotan todo, punto por punto, rayita por rayita. No existen las pausas, ni los entretiempos, es un continuado, sin ganador ni perdedor, un viaje cíclico que no lleva a ninguna parte. Nadie decide cuándo se acaba, es un gesto orgánico: jugar y no jugar. Me acerco, los espío, les hago caritas, pero no se enteran, no molesto. Suben la apuesta, sin arriesgar, ni titubear. Poroto por poroto. Y yo también, estando afuera, aunque no participe del juego, estoy, con ellos, medio en celo, medio sola, circulando alrededor, formo parte, respirando a la par, o sincopadamente, otorgando que es así, que no hay otra manera de que las cosas sucedan, primero uno, después el otro, cada cual a su turno, urdiendo un presente único, singular, que enseguida se nos escapa, para siempre, a los tres. (…)

Iosi Havilio nació en Buenos Aires, en 1974.  Hijo del actor serbio-argentino Harry Havilio. Iosi es escritor, docente, traductor y guionista. Estudió filosofía, música y cine. Publicó su primera novela, Opendoor, en 2006 en la editorial Entropía, a la que le siguieron numerosas novelas como Estocolmo (2010), Paraísos (2012), La serenidad (2014), Pequeña flor (2015), que próximamente será llevada al cine, Jacki, la internet profunda (2018) y Vuelta y vuelta (2019). Su obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al francés y al croata, entre otros idiomas. En 2020, Literatura Random House reeditará Opendoor, de la cual se extrajo el fragmento aquí reproducido.

 


TODOS LOS VERANOS

Haroldo Conti

A veces pienso en mi viejo.

 

(…) En realidad mi recuerdo parte de ahí. Lo demás es incierto y fragmentario y parece el recuerdo de otro. Ahora mismo, a pesar del tiempo, lo veo sentado en el piso de la pequeña galena que daba al frente con el sombrero rumbado sobre los ojos y los pies apoyados en la baranda. Casi toda la semana se la pasaba echado allí fumando aquellos cigarros apestosos, con una botella de caña paraguaya al alcance de la mano.
‒Hijo ‒solía decir con esa voz profunda que le salía desde adentro y medio cigarro entre los labios‒, la verdad que Dios hizo seis días para descansar y el séptimo para trabajar, ya que no había más remedio. A veces el sexto y el séptimo, según como vengan las cosas. Pero estos mierdas de ingleses han dado vuelta todo el asunto...
Culpaba a los ingleses de cualquier cosa, aunque el motivo no era muy claro. Con el séptimo día el viejo estaba aludiendo a aquellas misteriosas excursiones que realizaba una vez a la semana en el antiguo bote del Speranza, que había bautizado con el nombre de Arvoredo. A veces estaba afuera dos días y dos noches, con lo que también el sexto tenía ocasión de figurar entre los días laborables. A decir verdad el viejo se afanaba más bien durante la noche de manera que eso del día se refería exclusivamente al tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre sí misma, que era lo que tardaba en estar fuera de casa y más precisamente el tiempo que dejaba de estar echado en la galería del frente. (…)

Haroldo Conti nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1925. Además de escritor fue periodista, piloto de avión, seminarista, navegante, nadador de aguas abiertas, empresario de transportes, guionista de cine, director teatral, maestro rural y profesor de Filosofía y Latín. En 1940 inició sus estudios religiosos en el Seminario Metropolitano Conciliar, de Villa Devoto, los cuales abandonó siete años más tarde. Comenzó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en 1954. En 1956 publica Examinado, una pieza de teatro y en 1960 recibió un premio de la revista Life por su relato La causa. En 1962 publicó su primera novela, Sudeste, por la que obtuvo el primer premio del concurso organizado por Fabril Editora. A esta novela, le siguieron el libro de cuentos Todos los veranos (1964), la novela Alrededor de la jaula (1966) y los libros de cuentos Con otra gente (1967) y La balada del álamo carolina, y la novela En vida (1971).  En 1975 colabora con la revista Crisis y publica Mascaró, el cazador americano por el que gana el premio Casa de las Américas. Conti, además de formar parte de la llamada “generación de Contorno”, militó en el PRT (Partido Revolucionario del Pueblo) y en el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo). El 4 de mayo de 1976, tras el golpe militar, fue secuestrado y desaparecido.

 

 


Stoner

John Williams

Editorial Fiordo

(…) Las clases de la escuela eran casi tan agotadoras como las faenas de la granja. Cuando terminó la secundaria en la primavera de 1910, su expectativa era asumir más tareas en los campos; su padre parecía cada vez más lento y cansado cọn el paso de los meses.

Pero una noche de avanzada primavera, después de que los dos se hubieran pasado el día cosechando maíz, su padre le habló en la cocina una vez que la mesa se encontró despejada.

—Pasó un agente de extensión agraria la semana pasada.

William apartó la vista del mantel de cuadros rojos y blancos estirado con prolijidad a lo largo de la mesa redonda. No dijo nada.

—Dice que en la Universidad en Columbia tienen un instituto nuevo. Lo llaman Facultad de Agronomía. Dice que piensa que tendrías que ir. Son cuatro años.

—Cuatro años —dijo William—. ¿Cuesta dinero?

—Podrías trabajar para pagarte el alojamiento y la comida —dijo su padre—. Tu madre tiene un primo con una casa en las afueras de Columbia. Puede que haya libros y otras cosas.

Yo podría mandarte dos o tres dólares por mes.

William extendió las manos sobre el mantel, que despedía un brillo opaco bajo la luz de la lámpara. Nunca había ido más allá de Booneville, que estaba a veinte kilómetros. Tragó saliva para aclararse la voz.

—¿Crees que podrías encargarte de la granja por tu cuenta? —preguntó.

—Tu madre y yo nos arreglaríamos. Sembraría trigo en la parcela principal. Eso reduciría el trabajo manual.

William miró a su madre.

—¿Ma? —preguntó.

—Haz lo que dice tu padre —dijo ella con voz neutra.

—¿En serio quieren que me vaya? —preguntó William, casi como si deseara una negativa—. ¿Lo quieren en serio?

Su padre se reacomodó en la silla. Se miró los dedos gruesos y callosos, en cuyas grietas la tierra había penetrado tan profundamente que no se podía lavar. Entrelazó los dedos y los alzó casi como si rezara. (…)

 

John E. Williams nació en Clarksville, Texas, en 1922. Hijo de granjeros, Williams prestó servicio como sargento en el ejército en 1942, trabajó en radios y periódicos, y estudió en la Universidad de Denver y en la Universidad de Misuri, donde trabajó como profesor y se doctoró en 1954. En 1955 asumió como director del Programa de escritura creativa en la Universidad de Denver, donde enseñó durante más de treinta años. Publicó su primera novela Nothing but the night en 1948 y un año después su primer libro de poemas, The Broken LandscapeButcher´s Crossing en 1960 con el que obtuvo el National Book Award, Stoner en 1965 y Augustus en 1972. Murió en Fayetteville, Arkansas, en 1994, sin conocer el éxito que alcanzaría su tercera novela, Stoner, al ser reeditada por Vintage en 2003 y por New York Reviews en 2006.  El fragmento aquí reproducido pertenece a Stoner, hoy considerada una obra maestra de la literatura norteamericana del siglo XX.

 


Gracias por la compañía

Lorrie Moore

Editorial Seix Barral

(…) Era una boda en el campo, a una hora de coche, y llegamos a tiempo, pero por algún motivo parecíamos las últimas. Los invitados se arremolinaban semirresueltamente. Maria, una atractiva e inquieta brasileña, se casaba con un granjero local, por segunda vez: un segundo granjero en una segunda granja. El otro granjero con quien se había casado, Ian, también estaba presente. Lo habían contratado para tocar música y, mientras los invitados pululaban con sus vasos de plástico llenos de vino, Ian se sentó y tocó una versión lenta y melancólica de I Want You Back. Sólo que no parecía querer recuperarla. Sonreía y asentía a todo el mundo y parecía feliz con esa despedida. Era el encargado del entretenimiento. Llevaba una camiseta con un letrero que decía GRACIAS POR LA COMPANÍA. Eso parecía notablemente optimista y útil y un poco hermoso. Me pregunté cómo se hacía. Yo misma no había hecho nunca nada parecido ni de lejos. «El matrimonio es una larga conversación», escribió Robert Louis Stevenson. Por supuesto, murió cuando tenía cuarenta y cuatro años y por tanto no tenía ni idea de lo larga que podía ser la conversación.

Lorrie Moore nació en Glens Falls  Nueva York en 1957. Considerada como una de las escritoras norteamericanas más relevantes en la actualidad, es profesora de Lengua Inglesa en la Universidad de Wisconsin y miembro de la American Academy of Arts and Letters desde el año 2006. Fue galardonada en varias oportunidades, como en 1998 cuando recibió el Premio O. Henry por su cuento “Gente así es la única que hay por aquí”; en 1999 ganó el Irish Times International Prize por su libro de relatos Pájaros de América; en 2004 obtuvo el Rea Award for the Short Story; en 2005, el PEN/Malamud Award y ha sido finalista en el Frank O'Connor International Short Story Prize. Algunos de sus títulos son Autoayuda (1985), Anagramas (1986), Como la vida misma (1990), ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? (1994),  Pájaros de América (1998) y Gracias por la compañía (2004), de donde se extrajo el fragmento aquí reproducido. Este último fue elegido como libro destacado por The New York Times y the Washington Post y considerado entre los mejores libros del año por San Francisco Chronicle, NPR, Financial Times, BookPage y St. Louis Post-Dispatch

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