Por Diego Garcés
Subía escalones a las corridas. Tenía que apretar las alas para no quedar atorado entre paredes. Detrás suyo, su madre y su padre le intentaban seguir el paso, pero mientras él podía subir de a dos escalones por zancada, ellos, agarrados de la baranda, se esforzaban en subir uno por uno. Al principio se lo habían tomado en broma, sólo pensar que fuera capaz de hacer algo así era irrisorio…










